La debilidad sigue dominando el entorno bursátil europeo

Desde hace meses venimos hablando de la debilidad técnica que muestran en líneas generales las bolsas europeas, por lo que actualmente la inmensa mayoría de los mercados europeos de renta variable son destinos poco o nada atractivos para las inversiones.

Como siempre, la mejor forma de ver reflejado sobre el gráfico el pobre aspecto técnico de la renta variable europea es acudir al promedio EuroStoxx 50.

Es cierto que las alzas de los últimos meses en la renta variable internacional también han logrado revertir al alza a las bolsas del viejo continente, donde hemos visto cómo el selectivo europeo ha sido capaz de recuperar la senda alcista de su promedio móvil de 30 semanas. Ahora bien, estas alzas hay que ponerlas en contexto, Europa está subiendo, sí, pero menos de lo que lo ha hecho, por ejemplo, Estados Unidos. De hecho, si nos fijamos exclusivamente en la evolución de precios del selectivo europeo durante las últimas semanas, su comportamiento tiene un aspecto más lateral que alcista.

El promedio europeo se sumió en la debilidad a finales del pasado mes de noviembre de 2019 y, desde entonces, muchos índices europeos no han sido capaces de evitarla (como por ejemplo la propia renta variable española). La debilidad de un activo (reflejada en la lectura negativa del RSCMansfield) hace que, incluso en las alzas, éstas a medio plazo se produzcan a un ritmo inferior que la media, suponiendo un claro coste de oportunidad.

El RSCMansfield en negativo nos indica que cuando la renta variable global sube, la gran mayoría de bolsas europeas suelen estar entre las que menos suben o incluso acumulando caídas. En cambio, cuando la renta variable global cae, las bolsas europeas suelen estar entre las que más caen. Mal negocio.

Es una situación que hay que manejar con mucha cautela, ya que el Atlas se está encendiendo en el selectivo europeo, lo cuál, puede desencadenar fuertes retrocesos si finalmente la tendencia de la MM30 se revierte a la baja.

Tan solo una mejoría en la fortaleza relativa (algo que por el momento queda lejos) y un sesgo alcista más marcado haría que las probabilidades alcistas se incrementasen para los mercados del viejo continente. Habrá que estar atentos a este movimiento del que empieza a advertir el Atlas, puesto que puede marcar la recta final de año e incluso el inicio del próximo ejercicio en las bolsas europeas.

Mientras esta situación se defina, mejor mantener el punto de mira en las bolsas americanas por su mayor fortaleza.

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